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La Sénia de los años 30 PDF Imprimir E-mail
La Senia, una pequeña localidad de la comarca del Montsiá,  fue víctima de unos tiempos problemáticos durante los años 30 del siglo XX. Hay que destacar los siguientes factores: la II República (1931-1936), la Guerra Civil Española (1936-1939) y la hambruna de los años de la posguerra.En 1935 el alcalde del pueblo era el señor Juan Ferré Cortiella, muy querido por su gente, por el interés que mostraba por las personas del pueblo y por el pueblo en general. Durante su mandato este señor hizo construir unas escuelas excelentes, en la actualidad llamadas Escoles Velles (las escuelas viejas). Hizo muchas cosas por el pueblo; con la llegada de los republicanos quienes precintaron las puertas de la iglesia, la gente llevó la sacristía a casa de su prima para que la guardase hasta el final de la guerra y no la destrozasen, aunque de todos modos se malograron muchas joyas de la iglesia. Finalmente, Juan Ferré Cortiella fue exiliado a Francia, y en cuanto pudo regresó junto a su gente del pueblo. También cabe destacar al secretario, el señor ?ngel Cardona Bel, al juez municipal el señor Ernesto Aliau y al sacerdote, el señor Manuel Claramonte. En cuanto a la enseñanza en La Senia, cabe destacar que está establecida por el colegio nacional, el de “Las Hermanas de la Consolación” y el colegio del profesor Ismael Carbó. Los profesores del colegio nacional siempre habían dado clase, pero al principio eran profesores particulares que daban clase en cualquier local del pueblo que sirviese para enseñar, como podían ser un ático, un almacén, ... Cuando se formó el colegio nacional, los profesores. Ángeles Palau Vilanova, Joaquín Marcoval, Maria Serra y Vicente Celma aceptaron dar clase. En dicho colegio los niños y las niñas iban a clase por separado, los niños con los profesores varones y las  niñas con las profesoras. El colegio estaba situado en la Plaza Mossèn Escoda, y se llamaban Escuelas de Ave Maria. El colegio de “Las Hermanas de la Consolación”  era un colegio de monjas, al que únicamente asistían las niñas de las familias acomodadas del pueblo porque se trataba de un colegio de pago. Estaba situado en la calle Mayor en Casa Madis, donde vivían el sacerdote y las monjas, justo en la planta baja de la casa. Otro colegio que existía en aquella época era el del profesor Ismael Carbó, que también era de pago, pero a éste asistían únicamente niños y estaba situado en la calle Mossèn Jacint Verdaguer. No había ninguna diferencia en la enseñanza de los diferentes colegios, en todos se enseñaba lo mismo: a las niñas a coser, a cocinar,... y otras asignaturas que se enseñaban tanto a niños como a niñas, tales como matemáticas, lengua castellana, religión,...  También tenían en común que antes de empezar las clases cantaban el himno nacional.

 

 

Las actividades económicas en aquella época eran muy variadas: había doce personas que se dedicaban al comercio del aceite como Alfredo Almuni, Juan Ferré, Ramon Palau, Victoriano Serrà... Entre estos, Ramon Palau exportaba aceite al exterior del país. La familia de Joaquín Lucas fueron los primeros en exportar aceite al exterior, pero por problemas de dinero tuvo que venderle el  negocio al señor Ramon Palau. El señor Joaquín Lucas emprendió otro  negocio relacionado con el aceite, pero en este caso producía aceite de orujo de oliva. Poco después de emprender su negocio murió y su esposa e hijas se hicieron cargo del negocio.Una fábrica de pinceles: los primeros en hacer la fábrica en el pueblo fueron los señores Calduch y Ricardo García. Dicha fábrica tiene una historia muy trágica respecto a su fundador, Calduch. El señor Calduch, un hombre respetado en el pueblo, que daba trabajo a todo aquel que lo necesitaba, y aunque en algunas ocasiones no había trabajo, si de verdad lo necesitaban, siempre intentaba ayudarles de una forma u otra. Este buen hombre tuvo un final muy trágico, fue asesinado por sus trabajadores, sin motivo lógico aparente, y sólo quedan los rumores de lo sucedido. La gente del pueblo cuenta que era muy buena persona y que no merecía lo que le hicieron, pero en las circunstancias de la época, nunca se sabe cómo se puede reaccionar ni lo que puede suceder. La familia Calduch continuó con el negocio de los pinceles y además de esta fábrica surgieron muchas más, como la de Ramón Villarroya y la de Francisco García. Otro oficio de gran prestigio era el de médico. En aquella época  había cuatro médicos en el pueblo,  Jaime Albesa, Hiraldo Cid, Daniel Llombard (Don Daniel) y Jaime Sabater. Cada uno de ellos tenía la “aiguala”, que era el coste que se pagaba por los servicios que brindaba el médico a la familia; solamente había que pagar una vez al año. Las familias elegían el médico que mejor les parecía. Las modistas del pueblo eran Delfina Lucas, Josefa Lleixà y Alfredina Rius. Ellas eran casi tan importantes como un médico, ya que vestían a la gente del pueblo porque no había tiendas de ropa y, como en el caso de los médicos, cada familia elegía su modista. La pequeña diferencia era que éstas cobraban por pieza de ropa y no anualmente.Las relojerías del pueblo eran las de Arrufat y la de Godes, que aún existen, regentadas por los nietos de quienes las regentaron en aquellos tiempos. La relojería de Arrufat estaba situada en el mismo lugar donde está ahora, mientras que la de Godes estaba en la Plaza España, junto a lo que hoy día es la librería Verge y no en la calle Sant Joan, que es donde está ahora.

 

Cuatro eran las panaderías del pueblo: la de Ramón Cid, la de Bautista Cortiella, la de Juan Cortiella y la de José Ferré. Las que todavía existen son la de Ramón Cid, que ahora es la panadería “Saixes” que estaba en la calle Sant Joan donde ahora está el de Nivell, y la de José Ferré que estaba donde está ahora, enfrente mismo de la panadería de Ramón Cid.

 

Los zapateros y alpargateros del pueblo eran: Jaime Balagué, Carlos Ferré, Enrique Molins, José Prades y ?lvaro Solé. La zapatería de Jaime Balagué, que aún existe con el nombre de Sabateria Monlai estaba situada en la plazoleta de Sant Josep. La de Carlos Ferré, padre de Juan Ferré Cortiella, el alcalde del pueblo en aquellos tiempos, estaba situada en la calle Jaume I.  ?lvaro Solé estaba en la Plaza España. La de Enrique Molins estaba en la calle Mayor y, finalmente, la de José Prades no era una zapatería sino que solamente remendaba zapatos. En dicha época ya había ebanisterías, que serían el principio del País del Mueble en La Senia. Los iniciadores fueron José Bellaubí Sans, que estaba situado en el número 18 de la calle que entonces se llamaba Joaquín Costa, y hoy es la calle Jaume I; Gerardo Verdera, situado en la calle Ramon y Cajal número 26. Ambos eran los únicos del pueblo que fabricaban muebles. Otras ebanisterías como las de Juan Querol, Emilio Subirats, Joaquín Tomás, Constantino Sans, Ramon Subirats y Aledina Ferré - situada en la calle Alcalà Zamora número 34 – fabricaban herramientas y reparaban muebles.La gente del pueblo además de trabajar también tenía sus distracciones, como los cafés y las tabernas. En el pueblo había siete cafés y tres tabernas. Los cafés eran los del Centro Obrero, el Club Modern, el café de José Celma, el de Juan Labernia, el de Vicente Perolada, el de José Romeu y el de Francisco Sans. Los  más destacados eran el Centro Obrero y el Club Modern porque eran sitios donde se hacían espectáculos; la diferencia entre ambos era que al segundo acudían partidarios de la derecha y al primero iban los de izquierda.  Otros cafés de menor importancia como el de José Celma estaba situado en la calle del Carmen, el Casino que aún hoy existe regentado por Vicente Perolada, mientras que en aquella época el propietario era Ramon Ortí; el de Juan Labernia que aún está, y se llama L’Avenida. En la calle Sant Joan estaba el café de José Romeo, que hoy es una verdulería y el café de Francisco Sans, situado en la calle Barcelona, del que mucha gente dice que estaba lleno de señoritas de compañía, aunque nadie lo sabe con certeza.

 

 

 

 

En las tabernas, a diferencia de los cafés sólo se servía vino. Tres habían estado situadas del siguiente modo: una en la calle del Carmen, otra en la parte de atrás del Centro Obrero y la de Argiset del Tort en la calle Sant Miquel. Se cuenta una anécdota sobre dichos establecimientos, aunque se ignora si es cierta o no, y es que cuando la gente empezar a estar bastante bebida en lugar de verter vino en las jarras, echaban agua. También existían tiendas que vendían aceite, legumbres, etc, llamadas  “Albaceria”, de las cuales había once. De alpargaterías,  que a diferencia de les zapaterías solamente vendían zapatillas de hilo llamadas espardenyes (alpargatas), había cinco. De barberos había unos seis, de carnicerías seis, de venta de cereales unas diecinueve tiendas, la confitería de José Estrada que estaba situada a la plaza Mayor, una cordelería donde se hacen cordeles y la llevaba Vicente Camba,  la chocolatería de Marcoval, dos farmacias, el de las gaseosas, Joaquín Vicente, cinco ferreterías, dos chatarrerías, cinco lecherías... Además de los comercios, también había oficios como los de peón de albañil (Agustín Jornet y Tomás Monfort), el de banquero, Ramon Palau, los fabricantes de cartulinas o de papel (Martí Martorell), los corresponsales del periódico (Jaime Ferré Bonet), los dueños de las fábricas de electricidad, uno era Daniel Martorell y el otro Martí Martorell, las fábricas de jabón de Juan Tolós, el notario Diego García, el practicante David Albera, la gente que trabajaba en el campo.... Para  finalizar este apartado, mencionar a las personas más ricas del pueblo en los años 30, Andrés Abella, Franc Fonollosa, Martí García, José Marcoval, Juan Muñoz, Ramon Palau, Federico Pla, Joaquín Royo, Alfonso Vidal y Carmen Vidal.

 

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