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Los nacionales entraron en el pueblo de La Senia el 14 de abril de 1938, a partir de aquel día todo cambió respecto a cuando los republicanos estaban en el pueblo. Los alemanes trajeron nuevos aviones a los campos, los primeros aviones alemanes que aterrizaron en el campo eran Messerschmitt Bf-109, les llamaban “Flechas”. Los aviones aterrizaban de cuatro en cuatro, se notaba que los aviadores alemanes estaban mucho más preparados que los republicanos. Más adelante trajeron unos caza bombarderos llamados Stukas Ju-87, que los habitantes del pueblo llamaban “Camellos”. Y finalmente, trajeron los Heinkel He-51. Los alemanes se instalaron en distintos sitios del pueblo; los oficiales en el Molino Hospital o en el Castillo que había cerca del campo, y las tropas en las casas abandonadas de la gente que se había marchado del pueblo o en casas habitadas. Los alemanes trajeron muchas distracciones al pueblo, una de ellas era que en el Castillo que estaba cerca del campo traían chicas de Zaragoza para entretenerse y cada semana las cambiaban. Además, en el Club Modern hacían cine alemán todas las tardes y noches. También cada día la banda de los alemanes hacía una pequeña actuación en la Plaza Mayor del pueblo y además de estas actividades se hacían muchas más.  Durante la estada de la Legión Cóndor en el pueblo sucedieron muchos acontecimientos. Uno de ellos tuvo lugar el 16 de diciembre de 1938. Los republicanos vinieron a atacar La Senia. La Legión Cóndor puso un cinturón de antiaéreos alrededor del campo, servida por alemanes, y otra línea de antiaéreos, servida por españoles. Estaban situadas en las fincas de la Tanca, del Molino Hospital y Mas de Menaca y estos eran conocidos como canarios porque todos los que formaban la línea eran de Canarias. Cuando vieron llegar a los once Katiuskas derrivaron los dos primeros, uno de ellos pilotado por el Capitán Francisco Gómez y su ametrallador el Teniente Victoriano Sánchez Catalán. Murieron al estrellarse el avión cerca del barranco de la Covalta, en el término municipal de Canet lo Roig. El observador de este avión de matrícula BK-093 salvó la vida saltando en paracaídas y entregándose en el cuartel de la Guardia Civil de Sant Jordi. Al día siguiente, después de haber sido muy bien tratado por el Sargento de la Guardia Civil de Sant Jordi, fue trasladado al campo de aviación donde el día anterior había bombardeado La Senia. Los pilotos alemanes le invitaron a cerveza y a almorzar. Le dijeron que estaban muy enfadados con él porque en lugar de destruir los aviones y así ellos no podrían volar, les tiraron las bombas al Castillo junto al campo donde ellos tenían alojadas a las chicas de compañía.  Otro hecho que también culminó en tragedia sucedió con unos niños del pueblo que iban todos los días al campo. Iban por si algún alemán les pedía un favor, y así les daban algo a cambio de ayudarles. Tres de estos niños encontraron por el campo una bola redonda como una pelota, pero no muy grande, y en medio tenía un agujero de color amarillo: una bomba. Los niños se la llevaron rodando por la calle porque pesaba mucho. Cuando llegaron al pueblo, uno de ellos sacó un martillo de casa y empezaron a darle martillazos por el agujero. Mientras martilleaban la bomba pasó un niño que estudiaba en “La Falange”(Las Juventudes Franquistas) donde había tres tipos de formación: cadetes, flechas y pelayos. El niño que pasó era cadete y ese día les habían dado un mosquetón de madera; el otro niño que golpeaba la bomba se levantó para verle y uno de sus compañeros siguió golpeando cuando en ese momento explotó. Uno de los niños quedó muy malherido y murió en el hospital, el otro se cortó la mano y la pierna del lado donde estaba la bomba. Al día siguiente, el Capitán Molders llamó al único niño que no había sufrido ningún daño y le preguntó dónde encontraron la bomba. Molders no le dijo nada más porque el niño no tenía ninguna culpa. El incidente más conocido en el pueblo es el de cuando se prendió fuego en la panadería de Saixes. En aquella época Saixes estaba situado en la calle Sant Joan donde ahora está el fotógrafo Nivell. Cuando se prendió fuego la gente del pueblo fue a ayudar a apagarlo, y los alemanes también. Lo apagaron echando cubos llenos de agua. Después, cuando ya pasó todo, los alemanes se reían porque “saixes” en alemán quiere decir mierda.  Otro hecho curioso fue el entierro de un joven piloto alemán, Eric Beyer. Actualmente se puede visitar el cementerio de La Senia, que se conoce como la tumba del aviador alemán. El 8 de junio de 1938, el Teniente Eric Beyer salió en misión de ataque al frente de Castellón, fue derribado y su avión, un Heinkel-51, se estrelló cerca de la localidad de Torre de'n Domènech. Todos los pilotos alemanes cuando morían eran colocados dentro de unas cajas selladas de zinc y repatriados a Alemania para que su familia les pudiese enterrar. 
Eric Beyer solamente tenía madre y su padre, un militar, había muerto hacía unos años. Cuando enviaba cartas a su madre le hablaba de La Senia y le contaba que era un pueblo precioso con un río de aguas cristalinas y un cielo muy azul. Cuando el cuerpo de Eric Beyer llegó a Vigo para embarcarse en un barco rumbo a Alemania, su madre dijo que querría que su hijo estuviese enterrado en este pueblo que a él le parecía tan bonito. Así que el cuerpo de Eric Beyer dio la vuelta y regresó a La Senia. El cuerpo llegó a La Senia un mes y medio después de morir, el 22 de julio de 1938. Pero aquí no acabaron los problemas. El comandante de la Legión Cóndor decidió enterrarle en el cementerio, pero surgió un problema de índole eclesiástica: Eric Beyer era protestante y el sacerdote del pueblo se oponía a que fuese enterrado en un cementerio católico. El problema se resolvió inmediatamente, el coronel jefe de la J/88 dijo: “O usted da la autorización, o le fusilo”. Así, el 22 de julio de 1938, Eric Beyer fue enterrado con todos los honores en el cementerio de La Senia. 
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